

| Pecado Original o camino de retorno |
| Pecado Original o camino de retorno Por Janine Rodiles La revelación alegrará tu corazón, si lo mereces; pero si no la mereces será para ti un tormento. Yoma, 72. Talmud Un verso bíblico dice que ni siquiera una pequeña hoja de un árbol se mueve sin el permiso de Dios. Es una afirmación en la que coinciden las escrituras sagradas de otras tradiciones como la judaica (la Toráh) y el Islam (el Corán); es decir que la creación entera desde el momento de su manifestación así como la forma como el ser humano la percibe, no es más que un reflejo de la Voluntad Divina. También las escrituras sagradas coinciden en que esa Voluntad única y universal está basada en el principio del amor. Dando esto por sentado ¿cómo comprender la desobediencia de Adán y Eva como primer acto de la humanidad frente a su Creador?, ¿Cómo asimilar este acto que constituye el acta de nacimiento del mundo fenomenológico y el inicio de la separación del alma humana de su fuente original, de Dios, como un acto de rebeldía?. Se trata del misterio de la ontogénesis humana, en cuyo núcleo yacen las preguntas ¿quiénes somos? ¿por qué existimos? ¿Cuál es la razón de nuestras vidas? ¿adónde vamos cuando morimos?. Hemos aprendido que la humanidad fue exiliada del Paraíso por haber probado el fruto prohibido –de la dualidad-- y, entonces, Dios se desentendió de su creación. ¿Por qué vine aquí?, nos preguntamos. El origen de la angustia existencial del ser humano es justamente esta sensación de abandono, de soledad, de incomprensión frente al sentido de la vida (fuera del Paraíso). La enseñanza religiosa parte muchas veces de este primer enigma: Dios nos abandonó, por nuestra desobediencia. Pero, ¿podemos pensar que Satán en forma de serpiente actuó de manera independiente para tentar a Eva y ésta todavía en condición de criatura absoluta --sin voluntad personal-- cayó en la tentación arrastrando a Adán en la rebeldía?. ¿Quiere decir que Dios, el Omnipotente, el Omnisciente, desconoció el hecho y que ambos Satán, y la humanidad original actuaron a sus espaldas y lo peor, contra su voluntad?. No. De ninguna manera. Dios creo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, dice también la Biblia. Y una vez creados, los amó y quiso darles el mayor regalo, la joya más preciada del Paraíso. Dios quiso que el ser humano lo conociera a Él y que lo amara. El amor es el tesoro oculto por el cual la humanidad se elevará desde el estado de criatura hasta el estado de Ser. Por ello Dios ordenó a Satán que tentara a sus criaturas predilectas e hizo que Eva comiera del fruto prohibido. Entonces conocieron la dualidad --el bien y el mal: la luz y las tinieblas-- y junto con ello el miedo y la muerte. Al hacerlo Dios le da al alma su primer velo de separación: la personalidad, la idea de la voluntad personal, de un yo y un él. Seráis como dioses, cómelo, es lo que le dice Satán a Eva. Si pensamos que fue Dios mismo quien ordenó que así fuera y que lejos de ser un castigo emanado de un pecado, fue el regalo máximo y el inicio del drama divino en la creación. El alma humana es separada de la Conciencia primigenia y traída al mundo fenomenológico, con el único fin de añorar el retorno y de elevarse concientemente a la sabiduría divina. El mundo entero se convierte así en la Universidad del alma cuyo único maestro y soberano es Dios. ¿Cómo hacerte comprender?, dice Dios al alma en el Sagrado Corán. Si comprendiéramos, buscaríamos descifrar todos los hechos de nuestra existencia, cada instante vivido como un camino de enseñanza y de retorno. Como una danza de amor entre el alma y el Creador. No fuimos desterrados por malcriados, ni el Ser Supremo abandonó su creación en el inicio del tiempo. El hombre no está solo. En cada ser humano radica el secreto de la creación, cada uno podemos caminar conscientes y confiados de que Dios nos creó por amor y que el arte de este romance es el conocimiento de Dios. Entonces retornaremos, pero no en el estado de criaturas sino coronados por la sabiduría divina como los amantes y siervos de la realidad divina, el Señor de todos los mundos. Esta es la santidad potencial de cada uno de nosotros. Y no hay acto que contenga mayor valor que la de decir Sí a Dios. En ese sí abrazamos la existencia verdadera cuyo tránsito nos develara la esencia de nuestro ser y nos mostrará el infinito amor original del latido humano. ® © Janine Rodiles, 2009. Derechos Reservados. |
